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De Shakespeare se ha dicho todo. Pero como ya se sabe, Shakespeare se sale. Reserva siempre algún descubrimiento nuevo para el oído atento y curioso de sutilezas. En la exploración del sentido y el juego de su sonido, esta es mi primera comunión. He seguido el rastro de un pontífice de la "bardolatría", tal vez uno de los pocos vivos todavía hoy. Un sabio que dedico su vida al estudio de la obra de Shakespeare; el crítico norteamericano Harold Bloom, autor de un libro imprescindible sobre el universo Shakespeare: "La invención de lo humano".

Yo quería hacer un espectáculo diferente, pero estando de vacaciones en el Caribe me salieron al paso las mujeres de Shakespeare. Me prendé de Rosalinda (Como gustéis) de su ingenio triunfante, de su luz y de sus respuestas. De Catalina (La fiera domada), de Beatriz (Mucho ruido y pocas nueces") y de Julieta, tan sublime que te hace sentir culpable de albergar cualquier sentimiento de ironía (por la edad, se entiende) o de escepticismo frente a la inocente plenitud absoluta del amor romántico. En fin, las amo. Y pienso que no es difícil amarlas si se las conoce. También amó Shakespeare la belleza oscura de su enigmática Dama de los sonetos. ¿Quién era? Desde el Caribe se agrandan los ecos de ese viejo misterio que, parece ser, convirtió a Shakespeare en una autoridad mundial en temas de cuernos. Pero el genio no tiene sexo. Shakespeare exploró la conciencia femenina a sabiendas de su mayor sabiduría, perspicacia y sentido de la realidad, frente al instinto elemental, básico y simplón del macho narcisista. En esta era de cambio de paradigma –y a ver si ya viene de verdad de una vez el cambio- esta reflexión es interesante. Patriarcal, ambivalente, homosexual, bisexual, feminista o femenino, Shakespeare no es fácil de atrapar. Con todas ellas –de las mujeres víctimas de tragedia, sólo Julieta las representa- espero jugar, gozar y reír en las fauces del fin de una época. Saludos a la que viene: Ellas.

Ya se levanta…..¡El Telón!

Rafael Álvarez
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