Rafael Álvarez "El Brujo"  
 



Déjenme decirles algo: jamás abandonaré al Lazarillo.

Cada vez que lo represento disfruto especialmente. Nunca he dejado de conectar con el público de una manera especial. La satisfacción del gozo no se puede fingir y yo gozo de veras con esta obra.

El Lazarillo y yo hemos recibido mucho más de lo que ambos hemos dado. La compensación afectiva y emocional es muy grande y el alivio y la tranquilidad mayor. Esta criatura de ficción nació con un destino muy especial y por eso sigue aquí.

Como desde el primer día, siento un enorme privilegio al poder entregar mi voz y mi cuerpo a esta joya de la literatura. Este ente del mundo imaginario podría cambiar el mundo real porque hace del hambre y la necesidad un arte, la recicla en sabiduría. Frente al dolor tenemos dos caminos: la queja o el arte. Y con ironía, parte del estado del necio, camina por el aprendizaje y alcanza la sabiduría. El Lazarillo trata de la marginación, el hambre y la vivencia dura de la infancia. Los paralelismos entre el mundo del infante que acompaña al ciego y la situación de tantos niños del tercer mundo que mueren de inanición son obvias. La historia se repite una y otra vez.

Como casi siempre, esta situación es la consecuencia de un mundo de desequilibrios en el que los bienes están descompensados. Y nace de la falta de conciencia ante el valor de la vida.

La obra afronta un problema universal: hoy también la apetencia actual se mueve entorno a la ambición y el poder. Es como una metáfora que todo el mundo entiende, es un mundo, un pozo de vida y significados que te conducen. Nace en una época de enormes desequilibrios entre el mundo oficial de la Corte y el real, de hambre. Y antes al igual que ahora, no se puede ser feliz en un mundo desgraciado, porque las vidas maltratadas tienen que ver con la tuya. Al menos yo no puedo.

Por todo esto, porque Fernán Gómez supo capturar el alma de este pícaro, porque me apasiona recitar sus andanzas por los teatros; aquí está este maravilloso relato, primordial para mí, como lo es servir la necesidad del público a cada momento. Una necesidad que puede ser de diversión, de esclarecimiento, de relajo, de un silencio o de un grito. A saber.

Rafael Álvarez
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