Rafael Álvarez "El Brujo"  
 



Nº 726 · 28/10/1985

En la Taberna Fantástica, de Sastre,
un brujo anda suelto

POCAS veces ocurre. El mundillo de los actores comenta en todas las tertulias la índole excepcional del trabajo de un compañero. El público madrileño, hipnotizado por la oferta del Festival de Otoño, corre el riesgo de no asistir al punto de sazón de un intérprete heterodoxo y mágico: Rafael Álvarez "El Brujo", que en La taberna fantástica, de Alfonso Sastre, literalmente se sale, en un reparto donde la dirección inteligente de Gerardo Malla potencia la calidad de actores como Vicente Cuesta o Carlos Marcet. Pero "El Brujo" da un curso de actuación esperpéntica, en un papel de quinqui borracho, feroz y tierno. Lo tragicómico queda patentemente expresado por "El Brujo".

«El modelo para la composición exterior del personaje —dice a CAMBIO 16— me lo dio el ver al Bule, un gitano de mi pueblo, Torredonjimeno. Habla así y se mueve así. Por supuesto, la composición interior es otro tipo de trabajo, con estudio de improvisaciones, climax, estados de ánimo.»
Rafael Álvarez no ha seguido una trayectoria académica. Quiso ser actor cuando vio al luego mítico TEI ensayando, comiendo, viviendo en un colegio mayor. Dejó de ir a clases por el teatro. «Antes el teatro había sido para mí —recuerda— el Estudio uno de TVE, Garisa, las compañías cómicas. Me abrió un mundo contemplar cómo trabajaban José Carlos Plaza y WiIliam Layton.»

Naturalmente, se metió en el TEI. «Pero he aprendido en todos sitios. Por ejemplo, durante tres años he ido solo, con un texto de José Luis Alonso de Santos, Alea jacta Est, vestido de romano, contando las fiestas de mi pueblo. He actuado en plazas de toros, discotecas, campos de fútbol, programas de televisión. El music-hall es estupendo para el actor, y eso que en España no estamos acostumbrados. Tienes que ejercer de todo en escena, con todo tipo de públicos. A mí me esperaban en sitios como humorista, y yo tenía que apañármelas.»



Durante una temporada "El Brujo" estuvo haciendo por Italia La mojigata, de Moratín, dirigida por Juan Antonio Hormigón. Pero a él le va un tipo de teatro más visceralmente crítico, a medio camino entre el chafarrinón y la sutileza.

Así, interpretó en El horroroso crimen de Peñaranda del Campo, de Pío Baroja, a un chalán capaz de vender el cini a los mismos hermanos Lumiére, y trabajó en un programa de Darío Fó en la Sala Villarreal de Barcelona.

Toda la vida ha bregado en un estilo de teatro reconocido por los profesionales y la crítica, pero con poco gancho para el público bienpensante. Y no descarta volver al show personal, como aquellos tiempos en que en la noche de Madrid él salía vestido de romano con Alea jacta Est y el Gran Wyoming y Reverendo completaban las atracciones.
«Estar a solas ante el público te da toda clase de recursos. Es como ser un boxeador y saltar a la comba y hacer sombra. Te obliga a estar permanentemente alerta.»


Tres opiniones sobre un actor

Paco Rabal.—
«Me parece un actor formidable. Les estoy diciendo a todos mis amigos, a todos los acto-res y directores que conozco que vayan a verle antes de que quiten la obra. Rafael Alvarez me parece un actor fuera de serie, con una gran comunicación con el público; todo lo que hacía me lo creía. Tiene una gran fuerza. Pone los pelos de punta.»


Adolfo Marsillach.—
«La interpretación es buena en general, y la de Rafael Alvarez, en particular, de una manera especial. Me gustan los actores imaginativos, sorprendentes, no usuales, y éste es uno de ellos. Hace tiempo le vi en la Sala Cadarso con una obra de Pío Baroja, y ya entonces me gustó. Me parece que hace un trabajo excelente.»


Julieta Serrano.— «Estuve allí el día del estreno de la obra y yo misma le dije a Rafael Alvarez que me encantó su actuación. Me pareció excepcional. Había un aliento muy real en su personaje. Produce mucho placer cuando se toca ese punto en que la vida se pone así, en evidencia, en un escenario, de una manera tan creíble. Es asombroso.»