Rafael Álvarez "El Brujo"  
 



Difícil tarea anticiparse con este escrito a lo que D. m. tienen «in mente» llevar a cabo algunos ilustres señores que en estas páginas abren una puerta a un sueño. Ilustres todos por méritos propios (El Brujo, además Excmo. señor por obra y gracia de una Medalla). Sobran, pues, razones de halago para aquellos que entregan días y noches a tarea tan ardua como «profundizar en la inmensa obra de Don Miguel de Cervantes Saavedra, aquel Don Quijote de La Mancha. No es bastante leerla, comprenderla... hay que interpretarla, adaptarla, y escenificarla de tal manera que el texto fluya y regrese a este siglo con plena actualidad.

Tras estos textos de lujo no hay sólo una labor de erudición (les aseguro que la hay), hay amor, humor y una búsqueda de lo esencial: la búsqueda de lo que es. O lo que pudo ser. O lo que, a lo mejor, terminan descubriendo que será.

Muchos de ustedes ya han «catado» la conjunción de los que aquí anuncian sus propósitos. A ellos se ha unido —los dioses nos sonríen— Emilio Pascual, incansable teórico-erudito-humorista de nuestra literatura, como podrán comprobar más adelante.

Para todos aquellos que tras la lectura de este avance de nuestro Caballero de la Palabra aún no consiguen adivinar el final (principio al fin), se lo adelanto: un solo hombre en un escenario: Lazarillo, Francisco de Asís, Quijote... Un Brujo. Y para los que duden... ahí va una certeza: El Brujo siempre será él. Actor capaz de enamorar al público, hipnotizarle, emocionarle y divertirle. Piensen y sorpréndanse, como hago yo en este momento, que este señor de la escena —a la sazón Rafael Álvarez—, dice simple y llanamente que él es Cervantes, Don Quijote o Sancho, por parentesco y porque así lo ha escrito la historia. Algo sí puedo asegurarles: todo es absolutamente cierto. Bienvenidos al mundo donde la línea entre lo real y lo irreal no existe. Bienvenidos al Teatro.


Herminia Pascual