‘El Brujo’, quijote de Al Andalus

El público del Festival de Almagro recibió el viernes con deleite el estreno de ‘Los misterios del Quijote o el ingenioso caballero de la palabra’, la ‘tesis doctoral’ de ‘El Brujo’ sobre la obra de Miguel de Cervantes.

Almagro dormita durante las interminables horas de sol y no despierta hasta que lo que parece un coro de derviches echa a cantar en el claustro de los Dominicos y despierta a la ciudad. Rafael Álvarez, El Brujo, aparece en los arcos, metido en el camisón (de motivos árabes) de un Quijano senil y levanta la mirada hacia el aire, donde las voces de los monjes mahometanos se convierten en un largo quejío interpretado por Enrique Morente. Declaración de intenciones: ésta será la noche en la que Al Andalus tratará de robarle el mito del Quijote a Castilla.
El cantaor calla y el flamenco se convierte en una banda de be bop en la que El Brujo es el único músico. El actor emprende entonces un largo fraseo espasmódico, libre y delirante con las primeras páginas del libro de los 400 años. Nada ni nadie le acompaña en el cuadrilátero del escenario... ¿Quién podrá despertarle de su letanía?
Redobla un tambor y El Brujo recupera la cordura. Mira con complicidad a la platea y resopla: <<Ya está, ya he leído El Quijote>>. Los espectadores responden con una carcajada. Los misterios del Quijote o el ingenioso caballero de la palabra, la obra que los ha llevado hasta Almagro esta noche, es algo más que otra puesta en escena de las aventuras del pobre Quijano.
Es, en realidad, una tesis doctoral que El Brujo (autor de la obra a partir de un texto de Emilio Pascual) recita durante 105 minutos.
Hipótesis: el Quijote no pertenece a Cervantes, si es que alguna vez existió, ni a esa cosa llamada cuarto centenario, ni a los autodenominados sabios de la alta cultura... No pertenece a nadie, pero sí procede de la tradición andalusí, igual que La Ilíada está hundida en la Grecia primitiva.
Demostración: El Brujo se retrata a sí mismo asaltando bibliotecas, zocos argelinos y tiendas de anticuarios en busca de las pistas que unen al Quijote con Kijat –personaje recurrente en la tradición oral árabe- y con una logia de comediantes mudéjares, perseguidos durante años y ajusticiados, por fin en 1595, en Argamasilla del Alba. O lo que es lo mismo, en un lugar de La Mancha...

MELODÍA DE LA MANCHA La tesis de El Brujo regresa al texto de Miguel ¿de Cervantes? Como el investigador que abre comillas para apuntalar sus argumentos. El actor vuelve a entrar en trance y a recitar escenas del Quijote como si su voz fuera la trompeta de Dizzy Gillespie. Retumban entonces las melodías grotescas, tiernas y lúcidas del Quijote armado caballero, apedreado por los ladrones, seducido por las prostitutas...
El Brujo guarda un último argumento para convencer a su tribunal: la memoria de su padre, ventero en un pueblo de Córdoba y personaje de un cuadro con barberos y curas (como los del Quijote). El señor Alvarez, recordó ayer su hijo, recitaba con compás flamenco –como si fueran suyos- escenas de caballeros locos y molinos disfrazados de gigantes. Y es que, de hecho, la historia era suya.

Como un monje budista
Almagro, 1:40 horas de la madrugada. Rafael Álvarez, ‘El Brujo’, abre la puerta de su camerino y accede a celebrar el exitoso estreno de ‘Los misterios del Quijote o el ingenioso caballero de la palabra’ (ovación cerrada del público) con una veintena de amigos, colaboradores y financiadores de su última obra... Aunque <<celebrar>> resulta quizá una palabra demasiado festiva para la escena. ‘El Brujo’, vestido con una camisa amplia de color azafrán como si fuera un monje budista, está increíblemente entero tras el enorme esfuerzo físico de mantener en vilo al auditorio sin ninguna ayuda. Da la mano con firmeza y responde con timidez a un banquero (patrocinador de la obra) que quiere sacar punta a alguna de las frases más mordaces de la representación. ‘El Brujo’ parece flotar por encima de todos, igual que un consumado yogui que sólo baja a la tierra para abrazar a Emilio Pascual y evaporarse. Fuera, la pequeña ciudad de Almagro empieza a despertar.


LUIS ALEMANY
Enviado especial